El nivel de ruido recomendable en una oficina debería situarse, de forma general, por debajo de los 50-60 dB en espacios abiertos. Para tareas rutinarias, las recomendaciones técnicas suelen moverse entre 45 y 55 dB, mientras que en salas de reuniones, despachos o zonas de alta concentración lo ideal es bajar a 35-45 dB.
Esta es la idea importante: una cosa son los límites legales para evitar daños auditivos y otra muy distinta es el confort acústico en oficinas. La normativa laboral permite niveles bastante más altos porque está pensada para prevenir riesgos graves para la salud auditiva, pero una oficina puede cumplir la ley y seguir siendo incómoda para trabajar.
Dicho de forma sencilla: una oficina no tiene que ser una biblioteca, pero tampoco debería sonar como una cafetería llena. El objetivo es conseguir un ambiente donde se pueda hablar, atender llamadas, colaborar y concentrarse sin que el ruido se convierta en una carga diaria.
En Missillasdeoficina, cuando se habla de mobiliario de oficina, no se piensa solo en mesas, sillas o armarios. La distribución, los paneles, las cabinas acústicas, los materiales y las zonas de trabajo también influyen en cómo se escucha una oficina. Y cuando el sonido está bien gestionado, el espacio se nota más cómodo desde el primer día.
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Cuántos decibelios debería tener una oficina
Para entender mejor el ruido en una oficina, conviene empezar por los decibelios. Los decibelios, o dB, miden la intensidad del sonido. La audición humana suele considerarse capaz de percibir sonidos desde aproximadamente 0 dB, el umbral auditivo, hasta unos 140 dB, el umbral del dolor.
En el entorno laboral, un sonido superior a 60 dB puede empezar a percibirse como alto y resultar más propenso a generar molestias o distracciones. Por eso, el rango de 50-60 dB para oficinas abiertas se utiliza como una referencia práctica para mantener la actividad diaria sin perjudicar el bienestar.
Ahora bien, no todo depende del número. Dos oficinas pueden tener una media parecida de decibelios y sentirse muy diferentes. ¿Por qué? Porque no molesta igual un sonido estable de fondo que una conversación cercana, una videollamada en voz alta o una reunión improvisada junto a tu mesa.
El problema muchas veces no es solo “cuánto ruido hay”, sino cómo aparece ese ruido, cuánto dura y si interrumpe tareas que requieren atención.
Normativa sobre ruido en oficinas: límite legal y confort acústico
En España, la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales y su desarrollo reglamentario establecen los límites de exposición al ruido en el trabajo, siguiendo la Directiva 2003/10/CE. El Real Decreto 286/2006, que transpone esta directiva, fija un valor límite de exposición diaria de LAeq,d = 87 dB, teniendo en cuenta el uso de protección auditiva, y un pico máximo de Lp = 140 dB.
Los niveles de acción se sitúan en 85 dB(A) para LAeq,d, con un valor inferior de 80 dB, y en 137/135 dB para los niveles de pico. Por debajo de 80 dB, no se considera necesaria una intervención específica desde el punto de vista de exposición laboral al ruido.
Pero aquí está el matiz importante: estos valores están pensados para proteger frente a daños auditivos, no para definir una oficina cómoda.
Una oficina con 75 dB podría estar por debajo de ciertos niveles de acción, pero seguir siendo un espacio agotador para trabajar, atender llamadas, leer documentos, redactar informes o mantener reuniones. Por eso, cuando se habla de acústica en oficinas, hay que mirar más allá de la normativa mínima.

Niveles de ruido recomendados para trabajar con concentración
Los órganos oficiales y técnicos recomiendan niveles bastante más bajos para favorecer la concentración, el confort y la salud de las personas trabajadoras.
La Guía INSST 2022 de evaluación de riesgos por ruido actualiza criterios ergonómicos, y la NTP 503 del INSHT ya advertía que el ruido, incluso en niveles alejados de los que producen daño auditivo, puede generar distracciones, alteraciones fisiológicas o molestias psicológicas.
Por ese motivo, se considera óptimo mantener el ruido continuo ambiente por debajo de aproximadamente 50 dB. Como referencia, la norma UNE-EN ISO 11690-1:1997 sugiere niveles de 45-55 dB para tareas rutinarias de oficina y de 35-45 dB en salas de reuniones o trabajos que requieren alta concentración.
La propia NTP 503 recomienda que el ruido del sistema de ventilación no supere los 35 dB, reduciéndose a 30 dB cuando se realizan tareas que exigen máxima concentración.
En nuestra opinión, esta diferencia entre “cumplir la normativa” y “trabajar bien” es clave. Una oficina puede ser segura desde el punto de vista legal, pero no necesariamente agradable, productiva o saludable.
Nivel de ruido ideal según cada zona de la oficina
No todas las zonas de una oficina necesitan el mismo nivel acústico. Una oficina moderna suele combinar puestos operativos, salas de reuniones, zonas de paso, áreas colaborativas, cabinas de concentración y espacios de descanso. Cada una tiene una función distinta.
En una oficina abierta, el rango de 50-60 dB puede ser aceptable si existe una buena distribución, materiales absorbentes y zonas separadas para llamadas o reuniones rápidas.
En puestos de trabajo administrativo o tareas rutinarias, lo recomendable es acercarse a 45-55 dB, ya que este nivel permite mantener cierta actividad sin que el ruido domine el ambiente.
En salas de reuniones, despachos, cabinas o zonas de concentración, el objetivo debería bajar a 35-45 dB, especialmente cuando se tratan temas confidenciales, se realizan videollamadas o se necesita escuchar con claridad.
En espacios de máxima concentración, como salas de análisis, lectura o tareas técnicas, el ruido de fondo debería estar todavía más controlado. Aquí entra en juego no solo el mobiliario, sino también la climatización, los cerramientos, los paneles y la ubicación de cada zona.

Por qué el ruido de oficina afecta tanto al rendimiento
El ruido en oficinas no suele venir de una sola fuente. Normalmente es una mezcla de conversaciones, llamadas telefónicas, videoconferencias, impresoras, teclados, sillas moviéndose, puertas, climatización y personas circulando.
Y no, no siempre molesta el sonido más fuerte. A veces lo que más interrumpe es escuchar claramente una conversación ajena. El cerebro intenta procesar esas palabras aunque no quiera, y ahí aparece la pérdida de concentración.
¿Quién no ha estado escribiendo algo importante y ha terminado escuchando media llamada de otra persona? En una oficina abierta, esto pasa con facilidad si no hay una buena planificación acústica.
Diversos estudios europeos han cuantificado el impacto del ruido en oficinas sobre la salud mental y el rendimiento. Un trabajo experimental de la Universidad de Cambridge en 2021 mostró que los ambientes ruidosos en oficinas abiertas elevan indicadores de estrés, como la frecuencia cardíaca y la conductancia cutánea, y afectan negativamente al ánimo de los empleados, incluso cuando el desempeño inmediato en tareas cognitivas no se altera de forma visible.
En España, encuestas recientes de Jabra revelan que el 74 % de los trabajadores considera mentalmente agotador trabajar en oficinas ruidosas, y que el 63 % percibe que el ruido reduce su motivación.
Estos datos encajan con algo que se ve en muchas oficinas: el ruido no siempre bloquea el trabajo de golpe, pero va desgastando. Hace que cueste más mantener el foco, aumenta la irritabilidad y convierte tareas sencillas en algo más pesado.
Ejemplo práctico: una oficina abierta con demasiado ruido
Imaginemos una oficina abierta con 25 puestos de trabajo. Hay varias personas haciendo llamadas, dos reuniones rápidas en una mesa cercana, una impresora compartida al lado de los puestos y una zona de paso justo detrás de las sillas.
Puede que el nivel medio de ruido no parezca extremo, pero la sensación diaria será incómoda. Las conversaciones se cruzan, las llamadas se escuchan, las personas se interrumpen entre sí y muchos trabajadores terminan usando auriculares para aislarse.
En un caso así, la solución no pasa solo por pedir silencio. Lo lógico sería reorganizar el espacio: crear una zona específica para llamadas, incorporar paneles acústicos de oficina, separar impresoras de los puestos principales, instalar alguna cabina de concentración y usar mobiliario que ayude a dividir áreas sin cerrar por completo el espacio.
El resultado no sería una oficina silenciosa, sino una oficina más ordenada acústicamente. Y eso, para trabajar, puede marcar una diferencia enorme.

Cómo mejorar la acústica en oficinas con mobiliario
El mobiliario de oficina tiene un papel muy importante en el control del ruido. No siempre hace falta reformar todo el espacio; muchas veces, una buena selección de elementos puede mejorar la experiencia acústica de forma práctica.
Algunas soluciones útiles son:
- Incorporar paneles acústicos entre puestos o zonas de trabajo.
- Usar mamparas separadoras en bancadas abiertas.
- Crear cabinas de concentración para llamadas, videollamadas o tareas que requieren silencio.
- Separar las zonas colaborativas de las áreas de trabajo individual.
- Colocar armarios o estanterías como barreras visuales y acústicas ligeras.
- Elegir sillas, sofás o elementos tapizados que ayuden a absorber parte del sonido.
- Alejar impresoras, destructoras de papel y equipos ruidosos de los puestos principales.
- Diseñar salas pequeñas para reuniones breves, evitando que se hagan junto a mesas de trabajo.
También puede ayudar el uso de materiales absorbentes, como textiles, cortinas, moquetas, alfombras o revestimientos acústicos. La clave está en evitar superficies excesivamente duras y espacios donde el sonido rebote sin control.
En Missillasdeoficina, esta parte es especialmente importante porque el mobiliario no solo amuebla: también ordena el espacio, mejora la circulación y ayuda a que cada zona tenga una función clara.
El silencio absoluto no siempre es la mejor solución
Puede parecer raro, pero una oficina demasiado silenciosa también puede resultar incómoda. Cuando no hay ningún sonido de fondo, cualquier clic de ratón, movimiento de silla o conversación puntual destaca mucho más.
Por eso, no se trata de eliminar todo sonido, sino de crear un entorno acústico equilibrado. En algunos casos, el sound masking o enmascaramiento sonoro puede ayudar a reducir la percepción de conversaciones y mejorar la privacidad acústica.
La música ambiental de baja intensidad también puede funcionar en determinados espacios, siempre que esté bien gestionada y no se convierta en otra distracción. No todas las oficinas la necesitan, pero en zonas de espera, áreas colaborativas o espacios informales puede aportar una sensación más agradable.
Nosotros creemos que una buena oficina no es la que no se oye, sino la que permite trabajar sin tener que luchar contra el sonido.

Señales de que una oficina necesita mejorar su acústica
Hay señales muy claras de que el nivel de ruido en la oficina no está bien resuelto:
- Muchas personas usan auriculares durante casi toda la jornada.
- Las llamadas se hacen en pasillos, esquinas o zonas improvisadas.
- Se escuchan conversaciones privadas desde otros puestos.
- Las reuniones rápidas interrumpen a quienes están trabajando.
- El equipo termina el día con sensación de cansancio mental.
- Hay que repetir frases como “no te oigo” o “espera, salgo fuera”.
- Las personas evitan ciertas zonas porque son demasiado ruidosas.
Cuando aparecen varias de estas situaciones, conviene revisar la distribución, los materiales y el mobiliario. No siempre se necesita una gran obra. A veces, separar funciones y añadir elementos acústicos ya mejora mucho el ambiente.
Una oficina saludable debería mantenerse, siempre que sea posible, por debajo de 50-60 dB en zonas abiertas. Para tareas rutinarias, lo recomendable es acercarse a 45-55 dB. En salas de reuniones, cabinas o zonas de alta concentración, el objetivo debería situarse entre 35 y 45 dB.
Los límites legales de exposición al ruido son necesarios, pero no bastan para hablar de confort. Una oficina pensada para trabajar bien necesita niveles más bajos, una distribución coherente, materiales adecuados y mobiliario de oficina que ayude a separar actividades.
El ruido no siempre se ve, pero se nota. Se nota en la concentración, en la motivación, en el cansancio y en la manera en que el equipo vive la jornada. Por eso, cuidar la acústica no es un detalle técnico: es una forma muy concreta de mejorar el bienestar y la productividad en el trabajo.




